El oro del rey (Las Aventuras del Capitan Alatriste, 4) by Arturo Pérez-Reverte

By Arturo Pérez-Reverte

El oro del rey is the fourth installment within the sequence Las aventuras del Capit?n Alatriste, the main greatly learn novel sequence within the nineties. during this e-book, P?rez-Reverte's hottest hero returns from Flanders and undertakes a deadly project in Seville, the main attention-grabbing 17th century urban. His is charged with recruiting a motley crew of courageous swordsmen for a dicy activity concerning the contraband gold that the Spanish galleons convey from the Indies.

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Comediantes y mártires. Ensayo contra los mitos

Los angeles referencia al libro de Sartre sobre Genet pone en escena el trabajo ejemplar de Sebreli sobre cuatro mitos argentinos: Evita, Gardel, el Che Guevara y Maradona. Cada uno de estos recibe distinto tratamiento, de acuerdo con un rigor asistematico que Sebreli establece sin poner en peligro los angeles coherencia.

No mires debajo de la cama

Los angeles jueza Elena Rincon vive en un entorno marcado por l. a. soledad, ocupado por ausencias presentes y presencias ausentes, implicada en una relacion intrascendente con un forense casado al que le gusta probar hormas diferentes. Un dia, en un rutinario trayecto al trabajo, queda fascinada por una chica abstraida en los angeles lectura que viaja en su vagon, y come to a decision buscarla, sin exito, por los tuneles y andenes del metro.

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Habría ido de perlas para nuestro negocio –se lamentó Jaqueta–, pero lo de mañana es cosa hecha. Ganzúa está en capilla, y esta noche lo acompañarán los camaradas para echar tajada y aliviarle el trance, como se acostumbra en tales casos. El Lindo y Ramírez le son muy afectos, así que podréis encontrarlos allí, sin duda. –Iré a la cárcel –dijo Alatriste. –Entonces saludad a Ganzúa de mi parte. Los deudos están para las ocasiones, y yo iría a velarlo con mucho gusto de no verme en tales trabajos –Jaqueta me examinó con mucho detenimiento–...

Todos los personajes de esta historia, el capitán, Quevedo, Gualterio Malatesta, Angélica de Alquézar, murieron hace mucho; y sólo en estas páginas puedo hacerlos vivir de nuevo, recobrándolos tal y como fueron. Sus sombras, entrañables unas y destestadas otras, permanecen intactas en mi memoria, con aquella época bronca, violenta y fascinante que para mí será siempre la España de mi mocedad, y la España del capitán Alatriste. Ahora tengo el pelo gris, y una memoria tan agridulce como lo es toda memoria lúcida, y comparto el singular cansancio que todos ellos parecían arrastrar consigo.

Esa vez no se encargaba de la vigilancia la guardia amarilla, sino la de arqueros borgoñones, con sus vistosos uniformes ajedrezados en rojo y sus picas cortas; de modo que me tranquilizó comprobar que el sargento gordo no andaba por allí, y que íbamos a tener la fiesta en paz. La plaza frente a palacio bullía de gente, pues sus majestades los reyes iban a asistir a un rosario solemne en la Iglesia Mayor, y luego recibirían a una representación de la ciudad de Jerez. Lo de Jerez tiene su miga, y no estará de más acotar a vuestras mercedes que por esos días, igual que lo había hecho Galicia, los notables jerezanos pretendían comprar con dinero una representación en las Cortes de la Corona, a fin de no seguir sujetos a la influencia de Sevilla.

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