Alexandros III: El confin del mundo by Valerio Massimo Manfredi, Jose Ramon Monreal

By Valerio Massimo Manfredi, Jose Ramon Monreal

El ejército macedonio se adentra en Babilonia y asesta el golpe ultimate al secular imperio persa. Alejandro aspira a convertir el mundo conocido en una sola nación bajo su mando, pero pocos comparten su sueño. Se urden conjuras, y el rey se ve arrastrado hacia una vorágine de violencia. Solo el amor de Roxana puede aliviar su soledad. Ella le infundirá el valor necesario para llegar a l. a. India misteriosa y luego l. a. fuerza para buscar el camino de retorno.

«Hay escenas en los tres volúmenes de Aléxandros que te dejan prácticamente sin respiración.»
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L. a. referencia al libro de Sartre sobre Genet pone en escena el trabajo ejemplar de Sebreli sobre cuatro mitos argentinos: Evita, Gardel, el Che Guevara y Maradona. Cada uno de estos recibe distinto tratamiento, de acuerdo con un rigor asistematico que Sebreli establece sin poner en peligro l. a. coherencia.

No mires debajo de la cama

L. a. jueza Elena Rincon vive en un entorno marcado por los angeles soledad, ocupado por ausencias presentes y presencias ausentes, implicada en una relacion intrascendente con un forense casado al que le gusta probar hormas diferentes. Un dia, en un rutinario trayecto al trabajo, queda fascinada por una chica abstraida en l. a. lectura que viaja en su vagon, y come to a decision buscarla, sin exito, por los tuneles y andenes del metro.

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Adiós, Phraates. Volveremos a vernos tan pronto como esta guerra haya terminado. Y seré yo mismo quien te libere. Le estrechó en un largo abrazo, mientras su hermano lloraba a lágrima viva, luego saltó a caballo y desapareció. Barsine había asistido a la escena desde la ventana de su habitación; se sentía morir viendo a un muchacho de quince años afrontar la noche al galope, correr en la oscuridad hacia lo desconocido. Lloraba desconsoladamente, pensando en lo amarga que era la suerte de los seres humanos.

El Edipo rey, por ejemplo, y luego... le tranquilizó el secretario?. Ya sabes que me las sé arreglar en estas cosas. ¿Eumenes? -Sí. ¿Cómo está el general? ¿Parmenión? Probablemente está destrozado, pero no lo deja traslucir. ¿Crees que estará a la altura de las circunstancias llegado el momento? repuso Eumenes?. No hay demasiados hombres como él. Y salió. Alejandro celebró con gran solemnidad el comienzo de los juegos gímnicos y de las representaciones teatrales e invitó a los amigos y a los oficiales superiores a un banquete.

Pensó que esperar no era prudente, porque tendría que viajar durante las horas de más calor de la jornada y se convenció de que un hombre solo y aparentemente desarmado no podía constituir un gran peligro y que en cualquier caso, en el futuro, tendría que acostumbrarse a afrontar situaciones mucho más difíciles. Cobró, así pues, valor, acicateó los ijares del caballo con los talones y avanzó a lo largo del desierto camino, alcanzando al cabo de poco cato al jinete que le precedía. Que Ahura Mazda te proteja, forastero.

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